Carta de presentación para una autocandidatura: 3 ejemplos comentados
Una autocandidatura se lee de otra manera que la respuesta a una oferta. Nadie espera tu carta, y quien la abre decide en pocas líneas si merece la pena reenviarla. Las tres cartas de abajo parten de esa idea: empiezan por la empresa, nunca por quien escribe, y piden algo pequeño y concreto.
Las empresas son ficticias y las situaciones, habituales. Quédate con la lógica de cada carta, no con sus frases.
Ejemplo 1: gran empresa, sin nombre de contacto, perfil júnior
Nico lleva dos años en coordinación de transporte en un operador logístico y escribe a una cadena de supermercados que ha anunciado un centro logístico nuevo, sin saber a quién dirigirse.
Por qué funciona esta carta
En vez de pedir «un puesto en su empresa», Nico parte de un proyecto que la propia cadena ha anunciado y muestra que va a generar trabajo de coordinación de transporte. Quien lee no tiene que imaginar para qué sirve la candidatura, porque la carta se lo dice.
La prueba son dos cifras, del 8 % al 3 %, y la explicación de cómo se consiguió. Sin nombre de contacto, dirigirse al equipo de Logística acerca la carta a las personas que necesitan el perfil, más que un buzón general de recursos humanos.
Ejemplo 2: pyme, fundador encontrado en LinkedIn, perfil con experiencia
Cami lleva ocho años en exportación de alimentación y escribe al fundador de una almazara familiar tras leer una publicación suya en LinkedIn.
Por qué funciona esta carta
Citar la publicación del fundador demuestra que la carta es para él, y la frase elegida sirve de punto de partida: Cami responde a un problema que la propia empresa ha formulado. En una pyme, escribir a quien decide es muchas veces la única forma de que te lean.
La petición final es pequeña y precisa: veinte minutos, con un tema concreto. Resulta mucho más fácil de aceptar que una entrevista de trabajo para un puesto que todavía no existe.
Ejemplo 3: después de conocer a alguien en una feria del sector
Gael trabaja en mantenimiento industrial y escribe a la directora de producción de una fábrica con la que habló unos días antes en un salón profesional.
Por qué funciona esta carta
La carta recuerda la conversación con su fecha y su tema, para que la directora se acuerde. Después retoma el problema que mencionó ese día, y todo lo que sigue responde a él: la experiencia, la cifra y lo que propone hacer.
Anunciar una llamada en una semana concreta es habitual en las autocandidaturas, siempre que luego se haga. El seguimiento forma parte del método, porque vuelve a recordar la carta cuando la persona tiene tiempo para responder.
Por qué un ejemplo no basta
Una autocandidatura depende por completo de lo que sepas de la empresa. Copiada, la carta de Cami sigue hablando de Almazara Sierra Mágina, del mercado alemán y de una frase publicada por su fundador. Enviada a otra empresa no significa nada, y una autocandidatura genérica es todavía más fácil de descartar que una respuesta genérica a una oferta.
Adaptarla empieza por encontrar el dato de partida: un proyecto, una apertura, una incorporación reciente, un problema que la empresa haya comentado. Después eliges, de tu trayectoria, las pruebas que responden a ese dato, y haces una petición proporcionada. Nuestra página de candidaturas espontáneas explica cómo preparar esa búsqueda con un Briefing empresa.
Nuestro generador de cartas de presentación hace este trabajo sin oferta que pegar: parte de tu CV, de la empresa a la que te diriges y de lo que te atrae de ella, y redacta la carta para esa empresa.
Tu autocandidatura, escrita para la empresa que te interesa
Crea una cuenta gratuita, sube tu CV y responde a unas preguntas sobre lo que buscas. Después añade la empresa como candidatura espontánea, sin oferta que pegar: su nombre, el puesto o el área que tienes en mente y, si quieres, lo que te atrae de ella. Redactamos la carta a partir de tu trayectoria y de esos datos. En tu primera candidatura, la carta de presentación es gratis, descarga incluida.
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Cómo estructurar una carta de autocandidatura
Los tres ejemplos siguen el mismo esquema. El primer párrafo parte de la empresa: un dato concreto y la razón por la que te importa. El segundo aporta una o dos pruebas de lo que sabes hacer, elegidas para responder a ese dato, con cifras cuando se pueda. El tercero dice lo que podrías hacer allí, sin inventar un nombre de puesto. El último hace una petición clara: una llamada, una reunión o el aviso de que vas a volver a escribir.
A quién dirigirla
En una gran empresa, apunta al departamento que necesitaría tu perfil más que a recursos humanos, y pon el nombre de una persona si lo encuentras en LinkedIn o en la web. En una pyme, escribe a quien la dirige o al responsable del equipo al que te gustaría unirte. Si no aparece ningún nombre, nuestra guía sobre cómo dirigir una carta de presentación sin nombre resuelve el saludo.
Errores que hacen descartar una autocandidatura
- Empezar con «Me dirijo a ustedes para presentar mi candidatura espontánea». El asunto ya lo dice, y la primera frase debe hablar de la empresa.
- Pedir «cualquier puesto acorde con mi perfil». Nadie busca ese puesto por ti: cuenta qué podrías hacer.
- Mandar la misma carta a veinte empresas del mismo sector cambiando solo el nombre.
- No volver a escribir nunca. Un mensaje cortés dos semanas después forma parte del proceso.
Para ir más lejos
Nuestra guía cómo escribir una candidatura espontánea cubre todo el proceso, desde la elección de empresas hasta el mensaje de seguimiento.
